Tipos de suelo para agricultura
04 nov. 2019

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Tipos de suelo para agricultura

Tener un conocimiento adecuado de las características del terreno que se va a cultivar es un punto clave para lograr cosechas sanas y productivas, y constituye por tanto una de las mayores preocupaciones que los agricultores tienen a la hora de adquirir o transformar un terreno en idóneo para sus cultivos.

Hay que tener en cuenta que no todos los tipos de suelo son adecuados para todos los cultivos, y que, dentro de los aptos, existen algunos que, por sus características físico-químicas, darán lugar a cosechas más abultadas y de mejor calidad que otros.

Clasificación de los tipos de suelos agrícolas

Los tipos de tierra de cultivo pueden ser clasificados atendiendo a varias características distintas, que en su conjunto nos permitirán hacernos una idea de la calidad del suelo agrícola que estamos analizando.

Una forma sencilla de clasificar los tipos de suelo sería atendiendo a sus características físicas y a sus características químicas. Un análisis químico de la tierra puede arrojar luz sobre algunos datos interesantes como pueden ser el pH, la cantidad de materia orgánica o el contenido de determinados elementos químicos claves para el correcto funcionamiento fisiológico de los vegetales.

El pH es un dato numérico que se obtiene mediante un aparato llamado pHmetro y que nos da una idea de lo ácido o básico que es un suelo. En general, los cultivos suelen preferir suelos con un pH ligeramente ácido, debido a que esto solubiliza ciertos elementos nutritivos como los fosfatos o el hierro, aunque un suelo demasiado ácido puede ser tóxico. Las plantas que crecen en suelos básicos, sin embargo, pueden mostrar síntomas de carencias nutricionales debido a que algunos compuestos se presentan precipitados en forma no soluble.

La materia orgánica es un elemento clave de los suelos. Si escasea en el terreno que se cultiva se debe añadir en forma de fertilizantes y/o de bioestimulantes. Los primeros tienen el problema de que sufren mayor tasa de lixiviación en suelos bien drenados, y además tienden a eutrofizar las masas de agua circundantes si no se usan con precaución. Los bioestimulantes, sin embargo, mejoran la nutrición de la planta sin añadir componentes químicos al suelo, empleando para ello en algunos casos bacterias fijadoras de nitrógeno como en el caso de Bulhnova, lo que permite enriquecer el terreno de una forma natural y respetuosa con el medio ambiente.

En cuanto a la clasificación física, normalmente se determina el porcentaje de cada uno de los 3 constituyentes principales del suelo, que son las arenas, los limos y las arcillas. De las cantidades relativas de los 3 dependen parámetros tan importantes como el drenaje, la capacidad de campo, la textura (muy importante a la hora de trabajarlo) o la capacidad para retener nutrientes. En este caso, los mejores suelos suelen ser los que se denominan francos: que tienen aproximadamente un 40% de arena, un 40% de limo, y un 20% de arcilla.


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