Polilla de la vid: tratamientos, control y manejo de esta plaga
13 jul. 2020

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Polilla de la vid: tratamientos, control y manejo de esta plaga

La polilla del racimo, Lobesia botrana, es una de las plagas más conocidas y temidas de la uva. En España, estos insectos son considerados como una plaga clave, capaz de provocar pérdidas millonarias en los viñedos de Extremadura, Aragón, La Rioja, Navarra, Andalucía, Cataluña, Valencia y Murcia, donde es especialmente destructiva.

Qué es 'Lobesia botrana': conoce la polilla de la vid

La plaga de los viñedos es provocada por Lobesia botrana, una polilla de la familia Tortricidae procedente del sur de Italia, originalmente. A día de hoy, se puede encontrar en numerosas regiones del sur de Europa, el norte de África, la península de Anatolia y, en general, países cálidos con clima subtropical. Es especialmente peligrosa en climas mediterráneos, por lo que su presencia en la Costa Blanca, la valenciana y la murciana es un signo inquietante ante el que hay que poner medidas de control.

La polilla de la uva se identifica fácilmente por su coloración parda amarronada, con tonos anaranjados. Suelen medir entre seis y ocho milímetros, por lo que los adultos son pequeños. La larva, que es el causante de la plaga de la uva propiamente dicha, puede llegar hasta los diez milímetros, siendo ligeramente más grande, de color blanco y con la cabeza más oscura.

El adulto pone los huevos, que son planos, de color amarillento, cambiando más tarde a un gris claro translúcido, junto a la planta y, al eclosionar, la larva comienza a alimentarse de las flores y los racimos en desarrollo. Al comer, dejan agujeros en la planta, al igual que sus excrementos, dentro. Esto provoca daños en el fruto que, además de abrir la puerta a nuevas enfermedades, estresan al vegetal, que puede llegar a morir por completo o marchitar los racimos de uva.

La plaga se da tanto por la alimentación de las polillas adultas como en el periodo que tarda la larva en desarrollarse. Tras esto se envuelve en un capullo de seda para completar su ciclo y salir como adultas para producir una nueva generación. Pueden existir varias de estas afectando al viñedo, de manera que pueden acabar con las flores, los racimos jóvenes o los racimos en maduración.

Así, durante la primavera, a principios del mes de abril, aparecen los adultos de la primera generación, con un ciclo de vida de entre ocho y doce días. Es entonces cuando se produce la fecundación de las hembras y la puesta de huevos. Tras esta, tiene lugar la salida de la larva, la que se conoce como segunda generación. Es en esta fase en la que la oruga se alimenta de los botones florales, formado sedas que teje la larva, y produce más daños al racimo.

La segunda generación, cuando llega a adulta, a finales de junio o primeros de julio, vuelve a hacer una nueva puesta, pero sobre las bayas de los racimos. Esta dará lugar a la las larvas de la tercera generación, que realizan perforaciones en la uva para alimentarse. Estas perforaciones facilitarán daños indirectos, ya que son puertas abiertas para la entrada de hongos y bacterias, así como otros insectos.

Cómo se combate la polilla del racimo de la vid

En general, controlar esta plaga consiste en combatir la larva, que es la más destructiva y voraz. Para ello se pueden emplear numerosos medios, como los insecticidas tradicionales, con permetrina o clorpirifos. También resulta eficaz, y mucho más limpio, utilizar trampas de feromonas.

Estas sirven para controlar a la polilla desde la primera generación, aunque suelen ser objeto de atención la segunda y tercera, principalmente. Con las trampas de feromonas se atrapa al adulto de manera específica. De esta forma no se generan residuos ni se afecta a otros insectos potencialmente beneficiosos. Por desgracia, las trampas de feromonas no son 100% eficaces y pueden resultar muy caras.

Otra opción intermedia, muy eficaz, eficiente y económica, además de limpia, es un bioinsecticida. Estos están diseñados a partir de microorganismos, como el BTK. Las esporas de Bacillus thuringiensis producen la muerte de los insectos que las devoran. Así, impregnando la planta con estas, acaban solo con insectos plaga, como la Lobesia botrana, y con ninguno más ya que no se comen la hoja o el fruto.

Además, este producto no deja restos contaminantes en los suelos, ni provoca un efecto negativo en la naturaleza ya que es altamente específico. Como se administra por rociado en la superficie de tallos y hojas, es tremendamente efectivo, acabando solo con las plagas, y de actuación rápida.

Se puede portar y administrar fácilmente por los sistemas comunes de fumigado, por lo que es un producto que, además de limpio, ayuda a reducir costes y contaminación procedente de su transporte y manejo. También resultan persistentes durante mucho tiempo en la planta, reduciendo los tiempos de rociado, incluso ante el calor o bajo condiciones de riego.

Este tipo de insecticidas, por todo lo anterior, se han convertido en la mejor opción para controlar plagas de la uva, como la polilla de la vid.

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