De la revolución verde hasta la revolución biotecnológica
11 mar. 2021

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De la revolución verde hasta la revolución biotecnológica

Hace más de 10.000 años se produjo la primera gran revolución del sector: la aparición de la agricultura. A pesar de que ha evolucionado muchísimo durante todo este tiempo, la segunda gran revolución llegó hace apenas 60 años, con la revolución verde. La última, y probablemente más prometedora, la estamos viviendo ahora mismo, y es la revolución biotecnológica.

 

Y es que, la biotecnología agrícola nos ha permitido obtener resultados increíbles donde las técnicas tradicionales no podían dar más de sí. A día de hoy sabemos que la biotecnología es una de las principales herramientas para alimentar a una población creciente. No solo eso, también lo es para poder hacerlo respetando y velando por un mundo más sostenible.

 

¿A qué llamamos la revolución verde?

 

Entre la década de 1960 y 1980 comenzó un incremento sustancial de la producción agrícola, especialmente en Estados Unidos, aunque fue extendiéndose al resto del mundo paulatinamente. La razón se encuentra en las prácticas y tecnologías novedosas que comenzaron a normalizarse. Entre ellas, encontramos el desarrollo y la siembra de variedades más resistentes, nuevos métodos de cultivo, así como la aparición de productos especializados.

 

Estos últimos supusieron un avance increíble en cuanto a productividad. Su efectividad, así como sus formatos y técnicas de aplicación hicieron posible sembrar en lugares imposibles hasta entonces. Se considera que la revolución verde comienza con el ingeniero agrónomo estadounidense Norman Borlaug, quien se dedicó a realizar cruces selectivos de variedades de trigo, maíz y arroz, durante años, en países en vías de desarrollo, hasta obtener las más productivas y resilientes a los efectos del clima.

 

Tal fue la aportación de Borlaug a la agricultura que no solo se le considera el principal artífice de la revolución verde, sino que muchos lo llaman el "padre de la agricultura moderna". Por supuesto, no se le puede atribuir todo el mérito a una sola persona. La revolución verde consistió en un cambio de paradigma importante, en el que los productos sintéticos, las técnicas agrícolas y la selección de variedades sustituyeron a las formas tradicionales.

 

Así, los heterogéneos tratamientos clásicos, las variedades más débiles y el uso ineficiente de ciertas tecnologías fueron dejándose de lado. Esto, por supuesto, trajo muchísimas cosas buenas (y algunas malas, como la sobreexplotación y el impacto en los ecosistemas, el exceso de fertilizantes, la reducción local de biodiversidad, etc.), pero el balance es inmensamente más positivo que negativo. De ahí que supusiera una auténtica revolución que cambió casi totalmente el proceso de producción y venta de los productos agrícolas.

 

Revolución biotecnológica, ¿qué es?

 

Tras la revolución verde, sin embargo, llega el nuevo paso, la revolución biotecnológica, que promete un cambio profundo en todo el sistema agrario. ¿En qué consiste? La biotecnología es la rama de la tecnología aplicada a fines y desarrollos concretos. Esta disciplina suele diferenciarse, normalmente, por colores. La biotecnología verde está tradicionalmente asociada a la agricultura, aunque también podemos encontrar la biotecnología gris, dedicada a mejorar el medio ambiente, y la amarilla, centrada en la industria alimentaria.

 

¿Y, por qué revolución? Porque la biotecnología agraria está, literalmente, provocando una nueva evolución en todos los procesos del sector. Antes, por ejemplo, tardábamos años en conseguir variedades seleccionadas. Ahora existen multitud de técnicas que nos permiten hacerlo en apenas un año, o incluso meses, y a discreción. La biotecnología desarrolla soluciones para combatir las plagas y enfermedades más destructivas, así como ayuda a aumentar la productividad de ciertas especies.

 

Menos conocidas son las aplicaciones para el desarrollo de los cultivos: soluciones y tecnologías especiales que permiten el crecimiento en ambientes controlados, fuera del campo, y que pueden servir para el desarrollo de nuevos objetivos, como la exploración espacial.

 

Pero no hace falta irse tan lejos. Aunque parece ciencia ficción, la biotecnología ha ayudado a comprender la relación existente entre microorganismos, hongos y plantas. Este conocimiento nos muestra cómo equilibrar estas relaciones y utilizarlas en nuestro beneficio. En definitiva, se denomina revolución de la biotecnología agrícola porque realmente está cambiando radicalmente la forma que tenemos de producir, y también de comprar y vender, en el mundo de la agricultura.

 

¿Qué puede hacer la biotecnología por el mundo agrícola?

 

La cuestión sale por sí sola a nuestro paso, "pero, ¿qué puede hacer la biotecnología por el agricultor?". Muchísimas cosas. Para empezar, puede ayudarle a mantener la productividad reduciendo los niveles de impacto ambiental. En concreto, puede ayudarle a reducir la contaminación por nitratos y fosfatos, entre otros. Esto implica abogar por una agricultura más sostenible, menos destructiva y más sana, con todo lo que conlleva (incluyendo ayudas, sostenibilidad a largo plazo y mayor calidad de producto).

 

Un claro ejemplo de esto es Bulhnova, un biofertilizante que emplea bacterias especializadas conocidas como "promotoras del crecimiento", o PGPR por sus siglas en inglés. Estas bacterias forman una parte natural del suelo y ayudan a que la planta pueda fijar nitrógeno y obtener nutrientes como los fosfatos. Las PGPR de Bulhnova, sin embargo, están especialmente seleccionadas para sacar el máximo beneficio a los elementos naturales existentes. Tal y como muestran las pruebas de campo, este biofertilizante, fruto del trabajo biotecnológico más puntero de los últimos 20 años, es capaz de sustituir por completo a los fertilizantes convencionales. De esta manera, se reduce la contaminación producida por su uso.

 

Por otro lado, la biotecnología verde brinda la oportunidad de producir frutas y hortalizas utilizando menos sustancias protectoras, muchas de las cuales también son tóxicas para el ser humano. Esto significa que se reducen los tratamientos necesarios para eliminar estas sustancias, por lo que se abaratan costes y se consiguen productos de más calidad. Ejemplos de ello son los insecticidas naturales como Belthirul, que utiliza esporas de Bacillus thuringiensis, una sustancia natural que solo afecta a los insectos y es totalmente inocua para animales y plantas.

 

Por si todo esto fuera poco, la biotecnología ayuda a crear nuevas variedades más rápido. No solo por la conocida transgénesis: con herramientas como CRISPR Cas9 y un sinfín más disponibles en el armamento científico, hoy día se pueden diseñar cultivos casi "a la carta", aunque siempre se hace en vistas a mayor productividad, calidad y resistencia.

 

En otras palabras, la biotecnología abre un mundo completamente nuevo de posibilidades a la agricultura. Permite producir igual o más, reduciendo al mínimo la contaminación; ayuda a controlar de forma más efectiva y precisa las plagas y enfermedades; y también podemos crear nuevos cultivos que resistan más, produzcan más o necesiten menos.
 
Por todo ello, y nada menos, la revolución biotecnológica agrícola ya está aquí, y ha llegado para quedarse.

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