Conseguir el control biológico de plagas es posible
08 abr. 2021

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Conseguir el control biológico de plagas es posible

El control biológico de las plagas es una aproximación que permite al agricultor velar por una buena salud de su cultivo utilizando una menor cantidad de productos fitosanitarios. Esto tiene sus ventajas, como es el menor impacto, la mayor biodiversidad y el menor coste. No obstante, conseguirlo y mantener un campo productivo, es complejo y hay que tener muy claro que es un proceso delicado y lleno de matices.

¿Qué es el control biológico de plagas?

Como su nombre indica, el control biológico de plagas se refiere a la posibilidad de reducir la afección de plagas y enfermedades provocadas por diversos organismos en el cultivo utilizando, a su vez, otros organismos o propiedades de los mismos. Es decir, no utiliza elementos químicos externos, como los insecticidas tradicionales.

En vez de eso, se controla la aparición y expansión de una posible plaga utilizando otros animales o microorganismos que compiten por el mismo nicho ecológico, eliminando los recursos que necesita la plaga. También puede hacerse control utilizando organismos predadores de las plagas o, incluso, emplear algunas de sus propiedades para controlar su aparición.

Cómo se consigue el biocontrol

El control biológico es algo que depende de cada especie concreta. No existen patrones generales ni medidas sencillas. Hay que enfocar el biocontrol a cada especie. Así, mientras que algunas, como los pulgones, pueden ser controladas con mariquitas, cuyas larvas y adultos son muy voraces, los trips pueden reducirse con crisopas.

La gran mayoría de insectos mueren con esporas de organismos como Bacillus thuringiensis, que solo afecta a las plagas que tratan de alimentarse de la planta. Uno de los puntos importantes del control biológico es, precisamente, que permite respetar la salud del suelo y de los organismos que forman el ecosistema.

Volviendo a la cuestión, para conseguir el control biológico, en primer lugar, debemos saber contra qué. Una vez elegidas las especies que más nos preocupan, deberemos identificar qué organismos suponen un peligro, por competición, por predación o por incompatibilidad de estas. En tercer lugar, deberemos evaluar la relación entre las diversas medidas que elegiremos: algunas serán incompatibles entre sí, porque son competidoras. Debemos tener en cuenta que cada plaga o enfermedad suele tener un antagonista natural, una especie o cepa que se ha especializado en su mismo nicho, lo que hace que sus características sean más efectivas a la hora de controlarla. Igualmente, no todas las especies que actúan como controladoras biológicas sirven para combatir todos los ataques y enfermedades. Hay que seleccionar al microorganismo conociendo su eficacia contra el problema que queremos abordar. Solo entonces podremos pensar en una estrategia de acción.

Por qué buscar el equilibrio con el control biológico

Todo esto, a simple vista, parece muy complicado. En realidad, no lo es tanto, solo es necesaria cierta información. Aun así, ¿por qué tomarse tantas molestias? La razón está en el equilibrio. Los cultivos más equilibrados son aquellos que mejor calidad producen. También es una apuesta a largo plazo. Si sobreexplotamos un suelo podemos acabar con su salud, lo que implica restar salud al suelo y, con ella, recursos en los años que están por venir.

Además, con el control biológico permitimos una interacción ecológica más natural, que permite a los insectos asistentes hacer su trabajo polinizando y ayudando a controlar. En otras palabras, que promueve, en sí mismo, el propio control biológico.

No obstante, como la productividad no se puede olvidar, y a veces es complicado mantenerla solo con este tipo de medidas, podemos aprovechar opciones ecológicas que ayuden a dicho control. Las esporas y otras sustancias naturales, así como fertilizantes basados en soluciones con microorganismos promotores del crecimiento, pueden ayudar a potenciar el control biológico.

 

 
 

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