Cómo sacar el máximo potencial productivo del suelo
17 mar. 2021

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Cómo sacar el máximo potencial productivo del suelo

Potencial productivo del suelo es un concepto relacionado con las posibilidades de un terreno para producir tanto en cantidad como en calidad. Pero no son datos de producción, sino, como su nombre indica, un conjunto de valores que nos hablan de potencial.

Entender de qué dependen, y por qué, es primordial para responder a la pregunta que nos hacemos: ¿cómo puedo sacarle el máximo rendimiento? Hacemos un repaso de lo que necesitas saber sobre materia orgánica, actividad biológica, el manejo del agua, estructura del suelo y otras cuestiones que enmarcan este tema.

¿Qué es y de qué depende el potencial del suelo?

Se conoce como potencial productivo, o fertilidad del suelo, a la capacidad que tiene el terreno para sustentar el crecimiento de las plantas y optimizar el rendimiento de los cultivos. Este depende de diversos factores intrínsecos o externos al propio suelo. Entre ellos encontramos:

  • La disponibilidad de agua, ya sea por pluviometría, por la naturaleza del suelo y su permeabilidad o por las fuentes de agua cercanas. El agua, además, puede actuar de forma negativa sobre el potencial productivo tanto por exceso como por defecto. Los suelos más productivos son aquellos que drenan adecuadamente y tienen una irrigación regular.

 

  • Erosión y disponibilidad: el espacio disponible y su posibilidad de uso también son factores esenciales en el potencial productivo. Un suelo erosionado pierde sus propiedades vivas, edafológicas, y limita el espacio y la capacidad de soportar especies vegetales.

 

  • Composición y nutrientes: Las propiedades químicas del suelo están íntimamente relacionadas con la fertilidad del mismo. Algunos, especialmente aquellos relacionados con vías fluviales, son especialmente fértiles. Otros, sin embargo, pueden contener excesos o defectos de sales minerales y otros componentes.

 

  • Actividad biológica: además de la composición química, los suelos están habitados por un sinfín de microorganismos. Los hongos y bacterias forman parte de un ecosistema característico de cada suelo, y trabajan a conjunto con la planta. Eliminar los microorganismos por completo de un suelo es contraproducente para la misma porque estos ayudan y se encargan de que el vegetal adquiera todos los nutrientes necesarios en una relación de simbiosis. Igualmente, el descontrol de los mismos puede terminar en la muerte por infección de los cultivos.

 

  • Estructura del suelo: los aspectos anteriores tienen una manifestación clara en la estructura de los suelos. Esta puede ser vertical, de superficie hacia el interior, y desde la planta, como punto central, hacia el exterior (tanto el aire como la tierra). En estos dos ejes, la estructura de los suelos, su composición química y biológica, cambia. Puesto que los cultivos necesitan agarrarse al suelo y obtener nutrientes y agua de él, la estructura de este es importantísima en el potencial productivo.

 

A diferencia de otros aspectos, medir el potencial productivo del suelo no puede hacerse fácilmente a priori. Entre otras cosas porque además de lo anterior, el potencial productivo variará también con factores climáticos, tratamientos adicionales y el cultivo para el que lo utilicemos. Eso sí, como acabamos de ver, lo que sí podemos hacer es trabajarlo para maximizar este potencial según nuestros intereses.

Potencial productivo del suelo, ¿qué puedo hacer para mejorarlo?

Sí, es muy difícil medir de forma objetiva el potencial productivo del suelo. Pero eso no quita que podamos sacar el máximo partido a su fertilidad. ¿De qué manera? Esto es relativamente sencillo. En primer lugar, debemos plantearnos para qué cultivo queremos potenciar la fertilidad. Cada uno tiene sus necesidades y, como ya hemos explicado, el potencial productivo está relacionado directamente con esta cuestión.

Una vez identificadas las necesidades específicas del cultivo, deberemos priorizarlas. Cada especie es más o menos sensible al agua, a los nutrientes, al calor o al pH del suelo. Debemos saber cuáles afectan más y más rápido a las especies que plantaremos. Con estos datos, ya podemos empezar a trabajar en los principales factores que podemos controlar para aumentar su fertilidad: los tratamientos.

Estos van desde la adición de fertilizantes y productos variados a la invernalización o el tratamiento con microorganismos que mejoran la rizosfera. ¿De qué manera lo haremos? En términos generales, cualquier acción para mejorar el potencial productivo es sostenido y a medio o largo plazo.

  • Podemos tratar el terreno en un estadio de preparación, regulando los niveles de materia orgánica y añadiendo nutrientes o, mejor aún, preparando el suelo para los microorganismos beneficiosos que acompañarán al cultivo.

 

  • Preparar el terreno también consiste en limpiarlo, airearlo y mezclarlo, en ocasiones, con otros materiales que ayudarán a aumentar su potencial. Esto, de hecho, se suele hacer de forma tradicional.

 

  • Tras la plantación, hay que hacer un seguimiento regular de todas las propiedades relevantes para el cultivo: ¿qué cantidad de materia orgánica hay en los primeros 500 cm de suelo? ¿Qué pH tiene? ¿Qué cantidad de sales precipitadas? ¿Y los niveles de nitratos? ¿Está demasiado seco? Algunas características se verán a simple vista mientras que otras requerirán de análisis especializados.

 

  •  Podemos corregir o potenciar alguna de las características de las que depende la fertilidad añadiendo, por ejemplo, nutrientes, correctores o, incluso, biocidas en algunos casos. En todo momento, lo importante es encontrar el equilibrio. El exceso siempre repercutirá en una bajada productiva del suelo, a corto o medio plazo.

 

  • Se pueden añadir cultivos de protección, o combinaciones conocidas de especies que resultan beneficiosas al unir sus formas de actuar en el suelo. Algunas son positivas porque ofrecen cobertura; otras atraen a polinizadores o ayudan a controlar las plagas; en otras ocasiones, estas especies asocian microorganismos que son beneficiosos para toda la rizosfera y las de las plantas circundantes.

 

  •  Podemos intensificar la actividad nutricional de la planta con microorganismos especializados añadidos al suelo, aumentando su potencial productivo. También puede ocurrir algo similar con los organismos protectores contra hongos o insectos.

 

  • La productividad total no podremos medirla hasta el momento de la recogida, y siempre comparada con un suelo que no ha sido acondicionado o tratado para potenciarlo al máximo. También es importante controlar en la medida de los posible los factores externos, aunque, por definición, muchas veces estos escapan a nuestro control.

 

En definitiva, podemos trabajar para potenciar la fertilidad de nuestro suelo, pero siempre será haciendo actuaciones concretas centradas en las necesidades de los cultivos específicos que plantemos, para lo cual deberemos informarnos primero. Además, estas actuaciones deben ser continuadas y revisadas constantemente, y solo podremos ajustarlas una vez medida la productividad del campo, a posteriori.

 

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