Cómo preparar la tierra para sembrar cultivos
31 mar. 2020

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Cómo preparar la tierra para sembrar cultivos

El sustrato es, para las plantas, uno de los factores fundamentales que determina su crecimiento y salud, y en él se dan las reacciones químicas necesarias para que sea capaz de albergar vida. En este artículo vamos a analizar algunos de los aspectos fundamentales que caracterizan al suelo, para tratar de explicar posteriormente qué componentes del mismo afectan a la fisiología de los cultivos, y cómo podemos prepararlo de la mejor manera para mantenerlo año tras año en unas condiciones óptimas.

La tierra como soporte vegetal

El reino vegetal se caracteriza, entre otras cosas, porque sus células poseen una pared vegetal formada principalmente por distintos azúcares como la celulosa o la hemicelulosa. Esta les permite obtener una protección extra contra los agentes patógenos externos, y también aguantar cambios en la presión osmótica que se producen cuando existe una absorción neta de agua.

Sin embargo, la rigidez de la misma es una de las causas que limita su movilidad, y por ello las plantas se han adaptado a un modo de vida sésil que les impide huir de las situaciones ambientales desfavorables. El sustrato es un medio físico que les sirve para mantenerse ancladas e impide que los agentes naturales como el agua o el viento las arranquen de su sitio, o que se caigan al crecer en busca de luz por acción de la propia gravedad.

Las características de la tierra determinarán, por tanto, el crecimiento de las raíces y la estabilidad de los cultivos, siendo necesario llevar a cabo ciertas labores durante el año para mantener una estructura correcta:

Labrar la tierra sirve para airearla y evitar su compactación, permitiendo circular el agua por dentro de la misma sin que se encharque, y mejorando su textura y estructura general. Además, el arado tiene una función de saneamiento, ya que destruye las malas hierbas y expone a la superficie a insectos y gusanos patógenos que viven en ella, lo que los hace más susceptibles a la depredación.

Las labores de labranza se deben llevar a cabo con moderación y con cuidado, ya que por otro lado pueden favorecer los procesos de erosión del suelo. Por ello, hay algunos tipos de agricultura de corte más conservacionista que intentan minimizar o directamente evitar esta fase del cultivo, llevando a cabo otros tratamientos todos los años para evitar la pérdida de la calidad del suelo.

El aspecto nutritivo de la tierra

El sustrato también es un medio en el que se encuentran algunos nutrientes esenciales para el desarrollo de las plantas, y en él se producen ciertas reacciones químicas que los renuevan.

Los vegetales necesitan ciertos elementos químicos para crecer y reproducirse, entre los cuales encontramos los macronutrientes y los micronutrientes.

Los macronutrientes son los que conforman el grueso de del peso de la planta, y están constituidos por el C, H, O, N, P y K.

Los tres primeros son obtenidos esencialmente del aire (El C procede del CO2, y se fija a la planta durante la fase oscura de la fotosíntesis) y del agua (H2O), y los otros 3 se encuentran como iones en el suelo. También existen unos macronutrientes conocidos como secundarios, que son el S, el Ca y el Mg, que también forman parte de las plantas en proporciones mayores que los micronutrientes. Estos últimos se obtienen del suelo y de los iones disueltos en el agua.

Los micronutrientes, por su parte, son un grupo de elementos que, aunque se encuentran en proporciones mucho menores que el resto de elementos comentados (en ocasiones por debajo del 0,1%), son igualmente esenciales para el correcto funcionamiento celular.

Las cantidades de todos estos elementos varían dinámicamente a lo largo del tiempo, y son renovados mediante los ciclos biogeoquímicos de manera natural, con ayuda de la micro y macrofauna del suelo. Sin embargo, cuando establecemos un cultivo en una zona, conforme pasan las estaciones nuestras plantas los irán absorbiendo a un ritmo superior al que pueden ser repuestos, lo que nos obliga a nosotros a añadirlos artificialmente si no queremos que aparezcan carencias nutricionales.

Esto se puede llevar a cabo mediante fertilizantes sintéticos, altamente solubles, que tienen la ventaja de ser rápidamente absorbidos por las plantas, pero la desventaja de que corremos el riesgo de contaminar los cuerpos de agua del lugar debido a la lixiviación de los mismos; o bien se puede hacer usando abonos naturales como el estiércol u otras sustancias de origen vegetal, los cuales liberan estos compuestos de manera lenta y continua.

Así mismo, en la última década están haciendo su aparición en el mercado todo un mundo nuevo de sustancias orientadas a la nutrición vegetal, cuyo ejemplo más claro lo tenemos con los bioestimulantes, de los cuales hemos hablado anteriormente en post como “Bioestimulantes agrícolas: categorías y principales efectos en los cultivos” o como “10 beneficios del uso de bioestimulantes ecológicos”.

Si llevamos a cabo todas estas rutinas de trabajo de la tierra lograremos que nuestros cultivos crezcan de manera rápida y vigorosa, produciendo cosechas abundantes.

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