10 claves para cultivar y recolectar uva de mesa
06 feb. 2020

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10 claves para cultivar y recolectar uva de mesa

Las vides son una de esas pocas plantas que aún se consumen y que proceden de nuestra área, o para ser más concretos, del continente euroasíatico. Conviene mencionar este pequeño detalle porque, aunque a veces se den muchas cosas por descontado, la gran mayoría de productos de origen vegetal que hoy en día consumimos proceden de otros continentes, y especialmente antes del famoso viaje en busca de “las Indias”, ninguno de ellos era conocido y utilizado en el recetario español precolombino.

Las uvas, sin embargo, llevan siendo utilizadas por los pobladores del continente europeo desde hace miles de años, tanto para la fabricación de vino como para su consumo en fresco, como ha quedado constancia por ejemplo en numerosos frescos y mosaicos que datan de la época romana.

En este artículo pretendemos dar una serie de claves imprescindibles para que el lector que desee embarcarse en la gratificante tarea del cultivo de Vitis vinifera tenga éxito a la hora de la cosecha.

El tipo de tierra que tiene el cultivo

La vid aparenta con sus sinuosos troncos de grosor respetable ser una planta de carácter bastante rústico, y de hecho lo es, prefiriendo suelos pobres, pedregosos y bien drenados; en los cuales pueda desarrollar un sistema radicular extenso que le permita producir frutos de una mejor calidad. Las características físico-químicas del suelo (por ejemplo, la presencia de arcillas o calizas) influirán en la cantidad y calidad del fruto que vamos a cosechar, siendo ambas mutuamente excluyentes en muchas ocasiones (en terrenos más fértiles la planta produce más cosecha, pero de menor calidad).

El régimen hídrico

La vid prefiere suelos bien drenados que no permitan que se encharque el agua, y necesita un régimen hídrico bastante escaso, de alrededor de 300 mm por año de cultivo. Hay que puntualizar, sin embargo, que no todas las variedades de uvas necesitan la misma cantidad de agua, y que el riego se debe aportar en cantidades que varían según el punto del ciclo vegetativo en el que la planta se encuentre.

El clima de la zona, la altitud y orientación del cultivo

Estos son factores que no conviene despreciar a la hora de elegir el emplazamiento del viñedo, ya que condicionarán la calidad del fruto. Los cultivos de vid suelen preferir la orientación en que más horas de luz dé, siendo en el caso del hemisferio norte la orientación sur. La altitud, presencia de bosques o montañas en los alrededores, o las características del microclima de la zona también influirán positiva o negativamente en el desarrollo de la uva.

La edad del viñedo

La vid es una planta que alcanza longevidades notables, llegando a existir en España poblaciones bicentenarias en ciertos reductos donde la filoxera no destruyó los cultivos durante la crisis vinífera del siglo XIX, gracias a estar plantadas en terrenos muy arenosos. Ejemplos de ello los encontramos en las Canarias, reducto de cultivo de muchas variedades ancestrales europeas.

Cuanto más antigua es una vid, más desarrollado se encuentra su sistema radicular, y por lo general, aunque con el tiempo disminuirá la cantidad de cosecha producida, la calidad del fruto aumentará notablemente.

La variedad de uva que queremos cultivar

Uno de los puntos más importantes a la hora de empezar un cultivo. Debemos tener claro a qué público está orientado nuestra producción, ya que hay variedades más adecuadas para la producción de vinos, y las hay mejores para la producción de fruta. Así mismo no todas las variedades viníferas son iguales, aportando cada una de ellas una serie de características organolépticas únicas al vino.

Incluso existen en la actualidad variedades apirenas, es decir, que no poseen semillas, muy populares para su consumo en las tradicionales campanadas de nochevieja.

El tiempo de maduración de la uva

Existen variedades de uvas de maduración más temprana y más tardía, cada una de las cuales serán más adecuadas para un tipo de producción determinado.

El patrón e injerto a elegir

Aunque antes del siglo XIX no se solían injertar las vides y existía una mayor cantidad de variedades locales adaptadas a cada clima y características del terreno, la aparición de la filoxera en 1868 arrasó con la producción de uva en Europa, para lo cual acabó recurriendo al injerto de las variedades cuya producción deseábamos en patrones de variedades americanas, las cuales son resistentes a la forma radicular del parásito. Dentro de las variedades americanas conviene elegir la que mejor se adapte a las características de nuestros terrenos.

El tipo de conducción que vamos a desarrollar

La conducción de las ramas de la vid es una tarea importante que el viticultor debe de llevar a cabo cuando cultiva un viñedo. Existen sistemas de libres, que no poseen una estructura permanente de conducción, y también sistemas con apoyo, entre los que encontramos conducciones de tipo parral, en espaldera alta o en Y por nombrar algunos de los más comunes. Cada una de ellas se adapta a un tipo de producción, y determinarán la cantidad y calidad de la uva que vamos a obtener finalmente, así como el tipo de poda.

El cosechado de la uva

La técnica que se utiliza a la hora de cosechar la uva es un factor importante que influirá en la calidad del producto que finalmente llega al consumidor. Muchas veces resulta interesante el embolsado de los racimos, lo cual permite que los frutos tengan un color uniforme y sabor dulce así como una maduración tardía. Además los protege del ataque de insectos y pájaros.

Las enfermedades comunes en la vid

La vid es susceptible a una serie de enfermedades y plagas que hay que tener controladas, como por ejemplo las de insectos (como la famosa filoxera), muchos hongos (oidio, mildiu, etc.) e incluso algunos virus (como el virus del enrollado de la variedad Pinot).

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